Teniendo en cuenta las competencias, sitúate como persona adulta analfabeta. ¿Qué expresaría esta persona si se acerca a un centro de personas adultas?
La persona adulta que se dirige a un centro de formación de adultos expresaría la necesidad de adquirir habilidades sociales, destrezas, conocimientos, un título académico… todo ello en función de los intereses de cada uno y sus circunstancias personales. Las necesidades formativas de una persona adulta suelen coincidir con aquellas que antes no han podido cubrir por circunstancias de la vida. Por ejemplo, existen muchas personas que, durante su adolescencia no han tenido la posibilidad de adquirir una formación en el sistema educativo debido a las cargas familiares tales como el cuidado de los hermanos mientras los padres trabajaban. Otros, han tenido que trabajar desde muy jóvenes para mantener a sus familias. Todo ello, no les ha permitido aprender a leer y escribir; algo básico para desenvolverse en la vida. No obstante, estas personas con el paso del tiempo, se ven obligados a recibir una mínima formación para llevar a cabo algunas situaciones cotidianas que requieren de unos mínimos conocimientos. Estas situaciones se traducen normalmente en leer y comprender las facturas, recibos y otro tipo de documentación que suelen manejar normalmente; comprender los anuncios publicitarios y el contexto que le rodea, leer el periódico para informarse acerca de las últimas noticias más allegadas… Otros, aspiran también a obtener el graduado que en su momento no pudieron obtener y así tener la oportunidad de continuar su etapa formativa y recibir una formación en una especialidad de máximo interés para él para posteriormente ponerlo a la práctica.
No obstante, actualmente existen centros de educación para personas adultas que les ofrecen las siguientes oportunidades:
- Desarrollarse como personas en cuanto al ámbito expresivo, comunicativo, de relación interpersonal así como de construcción del conocimiento.
- Desarrollo de la capacidad de participación en la vida social.
- Desarrollarse desde el punto de vista profesional.
La persona adulta que se dirige a un centro de formación de adultos expresaría la necesidad de adquirir habilidades sociales, destrezas, conocimientos, un título académico… todo ello en función de los intereses de cada uno y sus circunstancias personales. Las necesidades formativas de una persona adulta suelen coincidir con aquellas que antes no han podido cubrir por circunstancias de la vida. Por ejemplo, existen muchas personas que, durante su adolescencia no han tenido la posibilidad de adquirir una formación en el sistema educativo debido a las cargas familiares tales como el cuidado de los hermanos mientras los padres trabajaban. Otros, han tenido que trabajar desde muy jóvenes para mantener a sus familias. Todo ello, no les ha permitido aprender a leer y escribir; algo básico para desenvolverse en la vida. No obstante, estas personas con el paso del tiempo, se ven obligados a recibir una mínima formación para llevar a cabo algunas situaciones cotidianas que requieren de unos mínimos conocimientos. Estas situaciones se traducen normalmente en leer y comprender las facturas, recibos y otro tipo de documentación que suelen manejar normalmente; comprender los anuncios publicitarios y el contexto que le rodea, leer el periódico para informarse acerca de las últimas noticias más allegadas… Otros, aspiran también a obtener el graduado que en su momento no pudieron obtener y así tener la oportunidad de continuar su etapa formativa y recibir una formación en una especialidad de máximo interés para él para posteriormente ponerlo a la práctica.
No obstante, actualmente existen centros de educación para personas adultas que les ofrecen las siguientes oportunidades:
- Desarrollarse como personas en cuanto al ámbito expresivo, comunicativo, de relación interpersonal así como de construcción del conocimiento.
- Desarrollo de la capacidad de participación en la vida social.
- Desarrollarse desde el punto de vista profesional.
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